En corto: Decir “personas usuarias” no te hará mejor diseñador, ni decir “usuarios” te convierte en menos empático. Lo que realmente importa en UX es cómo piensas, investigas, diseñas y validas con las personas que van a usar el producto.
En los últimos años, el lenguaje que usamos en el campo del diseño de experiencia de usuario (UX) ha evolucionado. Uno de los cambios más visibles —y debatidos— es el uso del término “personas usuarias” en lugar de “usuarios”.
Este cambio, adoptado con fuerza en comunidades hispanohablantes, especialmente en ámbitos académicos y progresistas, ha generado todo tipo de reacciones: desde aceptación natural hasta escepticismo total.
Pero más allá de la corrección política o el deseo de ser inclusivos, vale la pena preguntarse: ¿decir “personas usuarias” en lugar de “usuarios” genera algún valor objetivo en la práctica del diseño UX? ¿O es simplemente un tecnicismo innecesario que solo usamos quienes trabajamos en este campo?
Vamos a desmenuzar el tema desde varios ángulos.

¿Por qué comenzó a usarse “personas usuarias”?
La razón principal detrás del cambio hacia “personas usuarias” está relacionada con la inclusión de género. En español, el plural masculino (“usuarios”) ha sido históricamente utilizado como genérico, pero cada vez más comunidades están cuestionando si ese uso es verdaderamente neutro.
En ese contexto, se comienza a preferir decir “personas usuarias” por dos razones:
- Visibilizar a todas las identidades de género.
- Reforzar la idea de que diseñamos para seres humanos, no para “roles” o “etiquetas abstractas”.
La intención, entonces, es tanto ética como semiótica: cuidar el lenguaje con el que pensamos y comunicamos nuestras prácticas.
¿Tiene un impacto real en la práctica de UX?
Aquí es donde el debate se pone interesante. ¿Influye este cambio en los productos, procesos o resultados del diseño UX?
1. Impacto en la comunicación interna del equipo
En entornos de trabajo colaborativos, especialmente aquellos diversos o con una fuerte cultura de inclusión, usar “personas usuarias” puede ayudar a construir un clima más respetuoso y alineado con los valores del equipo.
No es raro que las palabras que usamos influyan en cómo pensamos. Cuando hablamos de “personas usuarias”, ponemos el foco en el ser humano detrás del comportamiento digital. Puede parecer un detalle menor, pero esta diferencia lingüística puede reforzar prácticas centradas en la empatía y la comprensión profunda del contexto de uso.
Ahora bien, esto es más un efecto cultural y psicológico que técnico.
2. Impacto en la documentación, entregables y presentaciones
En términos prácticos, el uso de “personas usuarias” rara vez afecta la claridad o comprensión de documentos de trabajo, flujos, wireframes o prototipos. De hecho, en muchos contextos empresariales se sigue usando “usuarios” sin que eso represente una barrera.
Lo importante no es tanto la palabra en sí, sino que todos los miembros del equipo —y stakeholders— entiendan a quién se refieren y por qué es importante pensar en sus necesidades y motivaciones.
Si el lenguaje inclusivo causa confusión o resistencia en ciertos entornos, también es válido adaptarse al contexto, siempre que el foco en el usuario final no se pierda.
3. Impacto en la percepción externa (stakeholders o usuarios reales)
Los usuarios reales probablemente no tienen idea de cómo los llamamos, y en efecto, no les importa. Si alguien está usando una app, lo relevante para esa persona es que funcione bien, sea intuitiva y cumpla con su necesidad. Punto.
No hay ningún estudio concluyente que demuestre que decir “personas usuarias” en una presentación de resultados o un informe de research tenga impacto en la adopción del producto, la satisfacción del cliente o los resultados de negocio.

¿Entonces… es innecesario?
No exactamente. Lo que podemos concluir es lo siguiente:
- Desde el punto de vista del diseño práctico, usar uno u otro término no cambia los resultados de tu trabajo. Puedes seguir diciendo “usuarios” sin culpa si eso funciona en tu entorno.
- Desde una perspectiva cultural y ética, usar “personas usuarias” puede reforzar buenas prácticas de pensamiento centrado en el ser humano y favorecer entornos más inclusivos.
- Desde la perspectiva de comunicación profesional, lo más importante es la claridad. Usa el término que mejor conecte con tu audiencia, sin perder de vista el objetivo: diseñar para personas reales, no para abstracciones.
¿Qué deberíamos hacer como profesionales de UX?
Aquí algunas recomendaciones prácticas:
- Sé flexible. Adapta tu lenguaje al contexto sin sacrificar el foco en el usuario final.
- Prioriza la claridad. Asegúrate de que tu equipo y stakeholders entiendan a quién te refieres, independientemente del término que uses.
- Cuida el lenguaje, pero no te obsesiones. La inclusión no depende solo de palabras, sino de acciones reales en tu proceso de diseño.
- Escucha a tu equipo. Si hay un consenso o preferencia clara, alinéate para mantener consistencia.
Conclusión
El lenguaje tiene poder, pero no lo es todo. Usar términos inclusivos puede sumar a la cultura del equipo, pero no es un requisito obligatorio para diseñar experiencias significativas.
Lo importante no es cómo les digas, sino cómo los entiendes y qué haces para mejorar su experiencia.


